Poder e Internet (IV): Dictanet o Linkdomination

Decíamos en nuestro primer post sobre este libro que en la Red, a juicio de los autores, existe en una tensión permanente entre lo que ellos llaman la Freenet –colaborativa, abierta, libre, llena de posibilidades de crecimiento…– y la Dictanet, una Internet en manos de unos pocos cada vez más poderosos que utilizan a los usuarios como recurso económico para alimentar los bolsillos de sus accionistas. En el estudio que hace el texto, no sé si consciente o inconscientemente, es mucho mayor el peso que tiene esta segunda visión. No es en absoluto producto de un prejuicio ciberpesimista, sino de un despliegue de datos sobre cómo están las cosas. Para muestra un botón:

«Podemos pensar que somos libres mientras portamos en nuestra mochila o en el bolsillo un «vigilante» que hace una copia de nuestros gustos, de las ideas que tenemos o de nuestras expectativas y las presenta como si se tratara de una ofrenda en el altar del Big Data  [que conduce] a un control total de lo que somos y seremos.   […] en la sociedad actual no sólo es imprescindible estar conectado a Internet, sino que además se trata de una obligación inexcusable [de modo que] el capitalismo contemporáneo ha conseguido dotar de prestigio a una disponibilidad que diluye las fronteras entre el tiempo privado y profesional o el del trabajo y el del consumo.   […] Los dispositivos electrónicos parecen incrementar esta ocupación sin medida de nuestra vida cotidiana en vez de liberarnos de ella, sucediéndose alternativas tecnológicas que, con el marchamo de «revolucionarias», jamás afectan a las relaciones de control y poder, a la vez que se acrecienta la apropiación sobre el tiempo y la experiencia.»

Y es que nunca como ahora se pone de manifiesto la verdad que encierra esta sentencia de Steven Lukes citada por los autores: «Existe la posibilidad de que la satisfacción de los propios deseos de los ciudadanos puedan ser producto de un sistema que va contra sus intereses

¿Qué es lo que ha ido cambiando en la construcción diaria de la Red desde aquel origen libre y colaborativo a lo que hoy conocemos? Ya hemos hablado en el post anterior de la concentración de poder empresarial en el sector de la Internet física, pero es que otro tanto ha ido ocurriendo en el sector de la comunicación y la creación de contenidos: «una estrategia de concentración empresarial a nivel mundial. […] A comienzos de los ochenta los grupos eran monomedia […] Esta situación cambió en los noventa con la fusión entre Time y Warner; Westinghouse Electric Corp compra CBS; Walt Disney se queda con Capital Cisites y ABC; Time Warner adquiere Turner Broadcasting System, propietaria de CNN; Viacom compra Paramount, Blockbuster y CBS […] en una tercera etapa Time Warner compra AOL y Vivendi compra Seagram Universal.   [Es casi como] un retorno al modo de producción social medieval.»

Y otro tanto en el sector de servicios on line: «[…] Es irónico que el [mecanismo tecnológico] campeón del incremento del poder del consumidor se haya convertido en uno de los más grandes creadores de monopolios de la historia. […] Google tiene cerca del 70% de su mercado. Y posee el 97% de la cuota de búsqueda a través de móviles. Microsoft Windows es usado por el 90% de los ordenadores, a pesar del Mac de Apple y Linux. Apple vía iTunes controla el 87% del mercado de descargas de música. El 90 % de los beneficios de los smartphones se los reparten entre Apple y Samsung. Amazon vende entre el 70 y el 80% de los libros por Internet. Facebook e eBay concentran un elevado poder también. La impresión es que los avances tecnológicos de la era de la información han sido captados por una élite

En definitiva, los autores citan varios reduccionismos que llevan a Internet a lo que denominan Dictanet o Linkdomination y que se pueden resumir en dos:  

  1. El usuario de Internet se transforma en un mero consumidor; lo mismo consume galletas que ideas, arte o televisión. «Consumimos más que disfrutamos, leemos, vemos o interactuamos».
  1. Internet termina siendo un vehículo comercial relegado a un estrecho mecanismo de comunicación hipercontrolado y disciplinado por grandes poderes económicos.

Referencias

Poder e Internet, extracto completo en “Pensar los medios”

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016

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Poder e Internet (III): la estructura física de la red

Especialmente interesante, a mi juicio, la parte del libro que se refiere a la estructura física de Internet. Pensamos en la Red cerrando los ojos  «como si pensáramos que Internet nace y se gesta de las nubes y es tan etéreo como el aire. Sin embargo, la Red es sólida. Muy sólida. Y tiene sus propietarios. –dicen los autores.

Efectivamente. Internet no se ve. Nadie sabe exactamente lo que es; solo sabemos que funciona; para muchos es algo evanescente que actúa mágicamente. Sin embargo, necesita para su  funcionamiento toda una infraestructura física que se sitúa en lugares concretos y bajo jurisdicciones particulares. ¿De quién es esa infraestructura? ¿En qué consiste? ¿Dónde está situada? Y, sobre todo, ¿A quién pertenece? ¿Cómo se gobierna? ¿Quién la controla?

Despejar ese espejismo es imprescindible si queremos tener una idea cabal de la Red. «Internet no es algo inmaterial, no es una idea que discurre en la mente de los hombres, es un complejísimo sistema que relaciona a una multitud de agentes en un todo que cambia por la interacción de los participantes, que se expande y contrae, y que tiene una infraestructura física de la depende su existencia». «Tiene una existencia tan corpórea que si esta dimensión desapareciera no sería posible el intercambio de información» «No podemos pensar que la acción social que se da en ella no se vea influida por el propio cuerpo físico de la misma».

Los cables urbanos, interurbanos, oceánicos; la fibra óptica, los satélites, los receptores, los ordenadores, los terminales móviles, los módems, los sistemas operativos, los buscadores, las aplicaciones, el software, los proveedores del servicio, los dominios, … «los discos duros donde se almacenan las toneladas de datos a los que accedemos, […] los edificios donde están guardados, los servidores que ordenan y gestionan el tráfico»,

etc., no son aire: pertenecen a empresas y corporaciones que hacen negocio con ellos: «Las arterias, los órganos y la propia memoria de la Red tienen un régimen determinado de propiedad y son administrados por distintas instituciones que responden a los más diversos fines». Como todo bien, su propiedad, su ubicación, condicionan  enormemente su carácter y su finalidad. Sin embargo, no existen para el imaginario  del usuario que jamás piensa en ellos. La nube, en la mente del usuario no es un inmenso complejo informático super refrigerado que ha construido una empresa para ganar dinero, sino exactamente eso: una nube con caritativos ángeles que custodian gratuitamente sus documentos y su perfil.

 Desde un origen en la investigación colaborativa y el software libre que es lo que le ha dado a la Red esa aureola de anónimo incontrolable y gratuito que no es de nadie y que por eso pertenece a todos, hemos pasado a un modelo completamente distinto  de concentración de empresas en el que todo tiene un dueño que quiere rentabilizar su inversión a costa, por supuesto, de los usuarios. Las operadoras telefónicas nos instalan el hardware y el software necesario y nos cobran los terminales móviles y su funcionamiento, pero seguimos, a pesar de todo, teniendo la sensación de que todo es libre, gratuito e ingobernable.

Sin embargo, «cada vez más la propia estructura física de la Red está siguiendo los cauces de las concentraciones del poder económico y político, revelando una de las caras más ocultas del desarrollo de Internet». Físicamente nos encontramos  «una red cada vez menos neutral, dominada por muy pocos operadores que gracias a su posición de primacía pueden imponer condiciones a los agentes menores, con lo que finalmente el usuario particular verá condicionadas la calidad y la diversidad de los usos de la Red a los deseos de estas grandes corporaciones animadas solo por la consecución de beneficios». Facebook, Google, Amazon, AOL, AT&T, Global Crossing, Level3, British Telecom, Verizon Business, NTT Communications, Qwest, Cogent Communication, SprintLink o Telefónica International Wholesale Services,  no son hermanas de la caridad, sino enormes corporaciones internacionales que tienen copado casi completamente el Mercado de Internet.

«Estos movimientos de las ISP (Internet Services Providers) a todos los niveles, hacen tambalearse la idea de Internet como un campo igualitario; conforme se siga profundizando en esta brecha llegaremos a encontrar diferentes calidades en los usos, no ya por el ancho de banda o por la estabilidad de las conexiones, sino por el ámbito de la red a la que se puede acceder en condiciones de uso óptimo», por el control de nuestros perfiles por parte de los gobiernos, o por el tratamiento de los datos que dejamos en cada elección de nuestra navegación.

Si estáis interesados en conocer un poco mejor esos recovecos de la internet física, sus componentes, su historia y su desarrollo expuestos por el libro que comentamos, podéis leer más en la segunda y cuarta referencias que apunto más abajo.

Referencias

Poder e Internet, extracto completo en “Pensar los medios”

Breve Historia y estructura física de la Red: extracto extendido de este tema  en el libro comentado

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016

Gigantes web intentan controlar la estructura física de Internet

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Poder e Internet (II): Internet mítica

A lo largo del libro que comentamos, los autores van definiendo muy bien lo que aquí venimos llamando “ciberoptimismo”: esa actitud acríticamente –en ocasiones, incluso, irracionalmente– positiva ante todo lo que tenga que ver con la tecnología, en este caso con la Red:«La Red es un símbolo de modernidad; […] cualquier cosa que toca se inviste de un estatus de innovación y mejora. […] Internet es bueno, positivo, joven y dinámico. La sublimación digital [hace] que cualquier producto que proceda de la Red sea considerado no solo como intrínsecamente positivo, sino también como emancipador.»

Una especie de «tecnotriunfalismo ciego». «Un halo mitológico que [desde sus orígenes convirtió a la Red] en el medio de comunicación que arreglaría poco más o menos todos los problemas del mundo. Un instrumento que permitiría acceder a toda la información en igualdad de condiciones, sin censura y a gran velocidad.» Una mitología que «promovió Internet como una industria limpia y sostenible, vinculada con la contracultura ecologista de California». E incluso, citando a César Rendueles, un ciberfetichismo que supone casi «un determinismo tecnológico de carácter mesiánico que es apreciable en los imaginarios más cercanos a lo que se ha dado en llamar turbocapitalismo o capitalismo de Silicon Valley [en el que] destaca la idea de sublimación de lo digital, como una reedición en las nuevas tecnologías actuales de las promesas de felicidad y bienestar absoluto, […] un optimismo tecnológico que nos invita a vincular la Red solo con elementos positivos y a entender sus amenazas como excepciones a la regla que pueden ser solventadas si cedemos libertades individuales a los gobiernos».

Sin embargo, también a lo largo de la obra, se nos advierte constantemente de que «Un exceso de fetichismo de la tecnología como modo de cambio del mundo es peligroso para la promoción real de la democracia (Mozorov, 2011)» De que es imprescindible una reflexión alejada de esa especie de ortodoxia mitificadora que no hace sino dificultar una aproximación objetiva al fenómeno tecnológico, su implantación y sus efectos políticos, económicos y personales.

Y finalmente, se nos dice que «esa mitología […] sacraliza una conectividad que [sin  embargo, en muchas ocasiones] se conduce primariamente por motivos geopolíticos y económicos antes que humanitarios y democráticos». Y que «esa (¿mágica?) identificación  [choca con las realidades de] la estrategia de empresas o gobiernos para espiarnos, controlar la información y los contenidos. Los monopolios en la Red, la tremenda explotación en empresas pertenecientes a la más alta aristocracia de Internet, la constante reducción de la privacidad de las personas o la defraudación tributaria».

De nuevo, pues, la tensión entre una Red liberadora o un foco de dominación.

Referencias

Poder e Internet, extracto completo en “Pensar los medios”

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016

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Poder e Internet (I): tesis y conclusiones

Cubierta de la obra Poder e Internet

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016

El libro que comentamos, es una apuesta seria por acercarse al fenómeno complejo de la Red. Estas son sus tesis principales y sus conclusiones:

Internet en el momento actual es un proceso complejo en el que confluyen dos tendencias contrapuestas que llevan a dos modelos distintos de la Red.

Por un lado, lo que los autores denominan Free(share)net,  o Freenet un ámbito cooperativo de participación, intercambio de información, recursos y creatividad a nivel global de carácter profundamente liberador y que está en los orígenes, la raíz y el desarrollo de Internet.

Por otro, Dictanet, un mercado en el que priman los interesas comerciales y en el que empresas cada vez más grandes, mediante un proceso de concentración creciente, ofrecen unos servicios a cambio del trabajo, las aportaciones, la creatividad que millones de personas aportan cada día, construyendo con ello un inmenso depósito de datos, patentes y target publicitario personalizado con el que comerciar o proporcionar vigilancia y control a los gobiernos y en el que los ciudadanos no son usuarios sino meros consumidores consumidos.

«Podemos optar por intentar construir el dispositivo más formidable que ha conseguido fabricar el ser humano para la comunicación del saber y la cooperación humana o crear una herramienta totalitaria sin parangón en la historia. De una velocidad de subida y de bajada equilibradas –“subida”, lo que los usuarios crean y aportan; “bajada”, lo que reciben a cambio– podemos transitar a una velocidad de subida mínima que implicará la conversión de la Red en un mero receptáculo de contenidos para la inmensa mayoría de los usuarios. Ni siquiera Orwell o Huxley podrían haberse imaginado un sistema tan perfecto y estandarizado de control y con el consentimiento tácito, en ocasiones frívolo o desinformado del usuario»

Esta es la encrucijada. Y, tras la lectura del libro, la sensación no es precisamente optimista respecto a la tendencia y la deriva que ha tomado la Red: desde unos orígenes cooperativos en los que se buscaba la formación de una comunidad creativa y participativa al margen de intereses mercantiles y controles gubernamentales; a la mercantilización, la concentración monopolística de grandes corporaciones dueñas, poco a poco, de todo el flujo de la red; el control y la vigilancia de los gobiernos; el Big Data y la aparición de una Deepweb o Darkweb al margen en la que se alojaría lo inconfesable.

Ese pesimismo se trasluce en las conclusiones finales del trabajo: «A lo largo del texto se ha subrayado que bajo la mitificación de todo lo digital y su conversión en bueno, joven y deseable per se se ocultan las relaciones de poder y de dominio

Entre el ciberoptimismo radical y el análisis realista inexistente, «hemos abierto la puerta a algo que puede ser peor que lo anterior o radicalmente emancipador. Es el riesgo o la grandeza de Internet. Ante nosotros se muestran dos realidades diferentes que no son excluyentes en el presente, pero pueden serlo en el futuro. Internet es mucho más que unos cables, servidores o microchips. Tampoco podemos reducirlo a una serie de idealizaciones que nos conduzcan a profesar un ciberfetichismo que lo corone como la solución a todos los problemas. Internes es tecnología y, como tal, política.»

Como inexistente también es la reflexión imprescindible para poder encauzar la Red hacia un destino emancipador: « Carecemos de una reflexión profunda sobre lo que queremos que sea Internet. Se resalta su significación y potencialidad o realidades, pero se obvia el debate sobre cómo esperamos que sea, y la manera de concebirlo [y de conseguirlo, diría yo]. Parece como si las instituciones públicas y democráticas hubieran renunciado a plantear de forma rigurosa y sistemática esta cuestión […] ¿Qué expectativas pueden tener los usuarios del futuro? ¿Se convertirán en meros sujetos pacientes de la Red? ¿Se relacionarán con ella de manera análoga a la actual? Aquellos que nacimos en una época anterior a Internet hemos ido asumiendo los cambios tal y como venían con más o menos fortuna en la adaptación a los mismos. Las generaciones que nacieron en la época de Internet incorporan con naturalidad a su vida las posibilidades de la Red, como si el mundo no pudiera ser de otra forma. Sin embargo, en ambos casos falta esa reflexión primigenia y necesaria sobre Internet[…]»

Y, cómo no, una apelación ilustrada a la solución de la educación que carga de nuevo sobre los hombros de la escuela una nueva responsabilidad. Una escuela que en vez de atender a ese requerimiento está introduciendo el uso de las nuevas tecnologías de manera tan irreflexiva y mercantilista como la de la propia sociedad: «Resulta sorprendente que no dispongamos de una educación reglada que permita a nuestros niños y adolescentes –y quizá adultos– enfrentarse críticamente a la Red, conocer sus inmensas posibilidades y estar atentos a sus peligros y amenazas. El uso de la tecnología tiene un significativo impacto en todas las áreas de su vida, desde la casa a la escuela; la vida virtual no está separada de la real, ambas aparecen entrelazadas. La influencia y relevancia de Internet se subestima. Se piensa que no es necesaria una formación ad hoc en ello; que la experiencia que se adquiere con su uso es suficiente. […Sin embargo] nuestros niños y adolescentes tienen una experiencia pobre e insuficiente de la Red. La inmensa mayoría de ellos carece de una experiencia directa de Internet; su conocimiento se desarrolla solamente a través de las lentes que grandes empresas o aplicaciones interpuestas como Facebook o YouTube, entre otras, les suministran. La educación en Internet habilitaría a niños adolescentes para un uso responsable, reflexivo y creativo de la Red. Ampliaría sus miras y serviría para estimular su participación como generadores activos de conocimientos ».

« […] No cabe duda de que ganamos en inmediatez e información, pero perdemos en cercanía y humanidad. ¿Qué ganamos y perdemos con estas asombrosas tecnologías? Esa es la pregunta que nos obsesiona.[…] es un proceso difícil de asir que nos envuelve y que incide en todos nosotros.» De este modo termina el libro cuya reseña iniciamos con este post y que continuaremos en los próximos con el deseo reflexivo de ir contestando a esas preguntas abiertas que anima todas nuestras páginas.

Referencias

Poder e Internet, extracto completo en “Pensar los medios”

PODER E INTERNET, un análisis crítico de la Red, Rafael Rodríguez Prieto, Fernando Martínez Cabezudo,Cátedra, Signo e imagen, Madrid, 2016

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Darkbirdtweet: de “pajarito” a “pajarraco”.La cara oscura de la evasión fiscal de las grandes corporaciones digitales

Un grupo de estudiantes de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla denuncian en la red las estrategias de evasión de impuestos de las grandes corporaciones – Twitter, Facebook, Google, Amazon, Yahoo…- que con cara angelical nos proporcionan “gratuitamente” tanta conexión, conocimiento y diversión. Son gratis, son etéreas como lo es todo en la invisible Red, … Pero no son una buena gente de una ONG; son empresas que trabajan para dar valor a sus accionistas y ganar dinero con nuestra “generosa” e inconsciente presencia permanente y nuestros datos de los que extraen millones de beneficios cada años y además evadiendo impuestos aprovechando la deslocalización y la ingeniería financiera.

Vale la pena que leáis el blog de estos chavales. Un trabajo magnífico. No os lo perdáis.

Referencias:

Dark Bird Tweet

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